Praga es, sin duda, una de las ciudades más hermosas del mundo. Con su arquitectura gótica y barroca, parece detenida en el tiempo. Este país nos recuerda cómo la cultura y la preservación del patrimonio pueden ser el motor principal de un turismo inteligente y respetuoso.
Praga es, sin exageración, una de las ciudades más hermosas del mundo. A diferencia de muchas capitales europeas que fueron destruidas en la Segunda Guerra Mundial, Praga sobrevivió casi intacta. El resultado es una ciudad donde el gótico, el barroco, el art nouveau y el cubismo conviven en perfecta armonía, como si el tiempo se hubiera detenido.
El Puente de Carlos al amanecer, cuando todavía no hay turistas y la niebla cubre el Vltava, es una de las imágenes más mágicas que vimos en Europa. El Castillo de Praga — el más grande del mundo en superficie — domina la ciudad desde la colina. Y la Plaza de la Ciudad Vieja, con el reloj astronómico medieval, es el corazón de una ciudad que sabe exactamente lo que tiene.
La República Checa también sorprende fuera de Praga. Český Krumlov es uno de los pueblos medievales mejor conservados de Europa. Las ciudades de Brno y Olomouc tienen una autenticidad que Praga perdió un poco con el turismo masivo. Y la cerveza checa — la Pilsner Urquell, la Budvar — es la mejor del mundo.
El puente medieval más famoso de Europa, con 30 estatuas barrocas. Al amanecer, antes de que lleguen los turistas, es mágico.
El castillo más grande del mundo en superficie (70.000 m²). La Catedral de San Vito, el Callejón del Oro y las vistas de la ciudad son imprescindibles.
El reloj medieval de la Plaza de la Ciudad Vieja, construido en 1410. Cada hora, los 12 apóstoles desfilan por las ventanas del reloj.
Un pueblo medieval a 3 horas de Praga, con un castillo del siglo XIII y un casco histórico Patrimonio UNESCO. Uno de los más bonitos de Europa.
La República Checa tiene el mayor consumo de cerveza per cápita del mundo. La Pilsner Urquell (Plzeň) y la Budvar (České Budějovice) son las más famosas.
Praga tiene la mayor concentración de arquitectura art nouveau de Europa. El Café Imperial, la Casa Municipal y las obras de Alfons Mucha son joyas del estilo.
La República Checa usa la corona checa, no el euro. Cambiá dinero en las casas de cambio del centro — evitá los cajeros automáticos de aeropuertos.
Praga es una de las ciudades más visitadas de Europa. Llegá temprano a los sitios principales (Puente de Carlos, Castillo) para evitar las multitudes.
El metro de Praga es eficiente y económico. Los tranvías son la forma más pintoresca de moverse. El tren conecta Praga con Brno y Český Krumlov.
Una pinta de cerveza en un pub local cuesta 1–2 euros. Es más barata que el agua en muchos restaurantes turísticos.
Julio y agosto son los meses más concurridos. Diciembre tiene los mercados navideños más bonitos de Europa Central. Primavera y otoño son ideales.
Praga me enseñó que la belleza que sobrevive al tiempo tiene un valor que ninguna reconstrucción puede igualar. Y que hay ciudades que merecen ser vistas al amanecer, antes de que el mundo despierte.
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