Dividida por el Danubio, Budapest es una ciudad que deslumbra tanto de día como de noche. Entre sus baños termales y su impresionante arquitectura parlamentaria, Hungría ofrece una profundidad histórica y una melancolía fascinante que siempre deja con ganas de conocer más de sus tradiciones únicas.
Budapest es una de las ciudades más hermosas de Europa y, sin embargo, sigue siendo más accesible que sus vecinas Viena y Praga. El Parlamento iluminado sobre el Danubio, los baños termales del siglo XIX, el Castillo de Buda y los bares ruina del barrio judío forman una combinación única que no existe en ninguna otra ciudad del mundo.
Lo que más nos sorprendió de Budapest fue la melancolía elegante que tiene la ciudad. Hay una historia compleja — el Imperio Austro-Húngaro, la Segunda Guerra Mundial, el comunismo soviético — que se siente en cada edificio, en cada calle. Pero esa historia no pesa: la ciudad la lleva con dignidad y la convirtió en parte de su identidad.
Hungría también sorprende fuera de Budapest. El Lago Balatón es el mar interior de los húngaros — en verano, toda la población parece mudarse a sus orillas. Y las ciudades de Eger, Pécs y Debrecen tienen una historia y una arquitectura que vale la pena explorar.
Uno de los edificios más hermosos del mundo, a orillas del Danubio. Las visitas guiadas al interior son imprescindibles.
Budapest tiene más de 100 fuentes termales. El Széchenyi y el Gellért son los más famosos. Bañarse en agua termal a 38°C en invierno es una experiencia única.
El complejo del Castillo de Buda domina la ciudad desde la colina. El Bastión de los Pescadores ofrece las mejores vistas de Budapest.
Los ruin bars del barrio judío (Szimpla Kert es el más famoso) son bares instalados en edificios abandonados. Una escena nocturna única en el mundo.
El lago más grande de Europa Central, a 90 minutos de Budapest. En verano es el destino favorito de los húngaros.
El Tokaji Aszú es uno de los vinos dulces más famosos del mundo. La región de Eger produce el "Toro de Egri", un tinto potente y aromático.
Hungría usa el forinto, no el euro. Cambiá dinero en casas de cambio (evitá los cajeros automáticos de aeropuertos que tienen comisiones altas).
El metro de Budapest es el segundo más antiguo del mundo (1896). Los tranvías y buses completan una red de transporte público excelente.
Llevá chancletas para los baños termales. El Széchenyi tiene casilleros con llave. Los fines de semana hay fiestas nocturnas en los baños (Sparty).
Budapest es más económica que Viena o Praga. Un menú completo cuesta 8–12 euros. Los bares ruina tienen precios muy accesibles.
El húngaro es uno de los idiomas más difíciles del mundo. El inglés funciona bien en las zonas turísticas. Unas palabras en húngaro generan mucha simpatía.
Budapest te enseña que la melancolía puede ser hermosa. Y que una ciudad que cargó tanto en su historia puede brillar con una luz propia e inconfundible.
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