La elegancia hecha país. Más allá de la icónica París, Francia ofrece una campiña de ensueño y una cultura volcada en el detalle, el arte y la buena mesa. Es el destino que nos obliga a elevar la mirada, a apreciar la estética y a documentar con elegancia cada paso dado.
Francia es el país más visitado del mundo, y no es casualidad. Tiene de todo: la ciudad más romántica del planeta, los mejores vinos, una gastronomía declarada Patrimonio de la Humanidad, playas mediterráneas, montañas alpinas y castillos medievales. Es un destino que podés visitar diez veces y siempre encontrar algo nuevo.
Los Chamigos llegamos a París con la típica expectativa de la Torre Eiffel y nos fuimos enamorados de los mercados del Marais, los cafés de Montmartre y los museos que podrían ocuparte semanas enteras. Pero lo que realmente nos voló la cabeza fue salir de París: la Provenza en flor, los castillos del Loira y la Costa Azul son otro nivel.
Para los viajeros argentinos, Francia puede ser cara en las ciudades principales, pero el interior del país ofrece una relación calidad-precio excelente. Alquilar un auto y recorrer la campiña francesa es una de las experiencias de viaje más gratificantes que existen.
El Louvre, el Museo d'Orsay, Notre-Dame, Versalles y los barrios de Le Marais y Montmartre. París es un destino que podría ocuparte un mes entero.
Los campos de lavanda en flor (junio–julio), los mercados de Aix-en-Provence y los pueblos medievales de las Alpilles.
Más de 300 castillos en un radio de 200 km. Chambord, Chenonceau y Amboise son los más impresionantes.
Niza, Cannes, Mónaco y Saint-Tropez. El Mediterráneo francés en todo su esplendor.
Vinos de Burdeos y Borgoña, quesos de toda la región, croissants recién horneados y la mejor cocina del mundo. Francia es un viaje gastronómico en sí mismo.
La abadía medieval sobre una isla de roca en Normandía. Una de las imágenes más icónicas de Europa.
Los franceses aprecian enormemente que intentes hablar su idioma, aunque sea con un "bonjour" y un "merci". Empezar cualquier interacción en francés abre muchas puertas.
El TGV (tren de alta velocidad) conecta París con las principales ciudades en pocas horas. Para el interior, alquilar un auto es la mejor opción. El metro de París es eficiente y económico.
El Louvre y el Museo d'Orsay requieren reserva previa. El primer domingo de cada mes, muchos museos nacionales son gratuitos. Aprovechalo si tu viaje coincide.
El servicio ya está incluido en la cuenta ("service compris"). No es obligatorio dejar propina adicional, aunque redondear la cuenta es apreciado.
Primavera (abril–junio) y otoño (septiembre–octubre) son ideales. El verano es agotador en París por el calor y las multitudes. Muchos parisinos se van de vacaciones en agosto.
Francia te enseña que la elegancia no es un lujo, es una forma de ver el mundo. Y esa lección vale cada kilómetro recorrido.
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